Esperanzas futuras, el consuelo de los jóvenes

El presente es pasajero, enseguida recurrimos al anhelo de épocas pasadas o a la esperanza del futuro, para no afrontar las preocupaciones diarias. Quizás, ese sea el verdadero atenuante de la situación social y laboral actual. “Tiempo pasado siempre fue mejor”, solemos decir cuando la realidad no nos gusta, muchas veces agarrados al recuerdo positivo que nos evade de la compleja sociedad. Pero esto, no se trata más que de una cortina que nos impide ver a través de la ventana la realidad, o más bien afrontarla tomando medidas eficaces, porque nuestros ojos no nos engañan cuando miran las colas del paro u observan a los jóvenes movidos por la incertidumbre como hojas por el viento. El pasado fue muy duro mientras fue presente y ahora puede ser visto más fácil debido a su cualidad de pretérito. En el futuro, puede que nos refiramos a este periodo de tiempo de la misma manera, pero, mientras tanto, intentemos cambiarlo. Centrarnos en el presente y olvidarnos de otras épocas puede ser la solución a muchos problemas actuales, incluso evitar futuros.

Emigrar para trabajar

La sociedad actual, a diferencia de las pasadas, ya no es una sociedad carente de conocimientos, sino, más bien, ahogada en él, donde los estudiantes bien preparados se ven obligados a salir a flote en otros países, en lugar de en su país natal. Volvemos a emigrar por trabajo, dando pasos retrospectivos, pasos hacia atrás.

 

 

 

 

 

 

Crisis y condiciones laborales

Nos encontramos en una generación de transición. Un tiempo en el que conviven los viejos y nuevos hábitos. Era de las nuevas tecnologías, de la adaptación de las profesiones, y por tanto de los nuevos profesionales, incluso muchas veces sustituyendo el trabajo humano por el digital, por aplicaciones y programas informáticos. De ahí el carácter de confusión de la sociedad actual. Un entorno mejor que el de nuestros padres, pero truncado por una crisis con la que nos damos de bruces en nuestra adolescencia, otorgando a nuestro mundo de fantasías  una dura dosis de realidad. La mayoría de los jóvenes están más formados que sus progenitores, pero el mercado laboral les ofrece lo mismo, trabajos por debajo de su titulación, contratos temporales, y sueldos míseros.

Años formándonos para un futuro

El futuro también nos persigue. Su peso hace mella en nuestra sociedad, el futuro amenaza y nos asusta, y los jóvenes son los individuos más vulnerables. Quizás, la falta de seguridad y estabilidad laboral, así como las necesidades crecientes y continuos interrogantes, hacen que nos agarremos con fuerza y esperanza al devenir. Las familias invierten a largo plazo, los científicos investigan durante años para garantizar una mejor calidad de vida en el futuro, y los investigadores desarrollan nuevos métodos tecnológicos con el fin de simplificarnos la vida. Del mismo modo, nosotros, los estudiantes, nos pasamos años estudiando con el único y gran propósito de forjarnos un mejor futuro. El esperado futuro que un día se hará presente, aunque garantías de ello tampoco tengamos. Años donde los compañeros de clase son nuestra segunda familia, aunque los veamos más que a la primera, donde la universidad es el lugar en el que más tiempo pasamos a lo largo del día, y los libros nuestro pasatiempo más querido y odiado al mismo tiempo. En estos años nos formamos como personas y como futuros profesionales, aunque, ésta última lo hagamos con más incertidumbres que certezas. No por la capacidad de serlo, sino de encontrar un trabajo acorde a nuestras expectativas.

Se dice que los jóvenes son el futuro, sin embargo, nosotros aspiramos a ser el presente, a no mirar al tiempo como un obstáculo a superar.

Datos

Para contextualizar mis palabras, voy a ofrecer datos, datos referentes al pasado año 2017. España tenía una tasa de paro en menores de 25 años de un 37,5%, lo que representaba 550.000 jóvenes. Si ampliamos el rango de edades de los 16 hasta los 29 años, el número de parados se duplica, siendo 1.112.700 los jóvenes parados sin empleo. Por su parte, en nuestra comunidad, la tasa de paro en menores de 25 años era de 38.58%, frente al 17.19% que sí tenían trabajo. Desde luego, son datos bastante descriptivos y que enmarcan bien la realidad de incertidumbre de los jóvenes a la que hago constante referencia en este artículo.

Demandas de las empresas

La situación no es fácil para quienes tenemos un pie en el mercado laboral y otro en la universidad. Soñamos con tener los dos pies sobre el mismo terreno, pero la universidad se nos queda pequeña y el mercado nos asusta. Las empresas demandan experiencia, ¿qué experiencia puede tener un joven que se ha pasado 15 años de su corta vida estudiando? ¿La experiencia de las prácticas universitarias es suficiente? La respuesta es que no. Además hay un factor más que agravaba esta situación, y es el hecho de que nuestras escasas prácticas apenas son tenidas en cuenta por quién nos contrata, pues has de contar con 2 años de bagaje laboral. Esto ha provocado que los sueños sean más pequeños. Ahora los jóvenes ya no aspiran a ser los mejores, sino simplemente ser, ser profesional desarrollando el oficio que le apasiona. Nos hemos acostumbrado a conformarnos, y quizás de eso tengamos parte de la culpa nosotros, asustados por la triste realidad laboral, y quedándonos en la zona de confort esperando que el futuro hable por nosotros. Sin duda, ahora, la asignatura pendiente que más preocupa es el futuro. Salgamos a la calle, movámonos, busquemos, sorprendamos. Cambiemos lo predecible, no tenemos nada que perder. Quizás, mañana nuestro trabajo lo realicen robots, o aplicaciones inteligentes. Económicamente será más rentable pero satisfactoriamente no lo creo, es más considero que no se consolidará. Hagamos que nuestro trabajo sea imprescindible, hagamos que nos necesiten, que nos busquen. Nosotros podemos cambiar lo que hasta ahora imaginamos como futuro.

Ángela Ruiz Terán

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