¡Vivan los reyes cristiánigos… Y mueran los tiránigos!

«Y aquí, discreto senado, Fuenteovejuna da fin». Así sentenciaba la representación de los alumnos del grupo de Teatro Caja de Pandora, de la Universidad Europea del Atlántico, a los que el público de la sala aplaudía tras una hora y media de representación.

Esta era la primera vez que estos alumnos representaban, o mejor dicho, representábamos, una obra de teatro clásico, en castellano antiguo. Todo un desafío del que salimos victoriosos.

Pero todo comenzó hace mucho, mucho tiempo… En el primer semestre de carrera.

A pesar de que el teatro llevaba ya dos años en la universidad, nunca antes me había dejado caer por ahí, ni tan siquiera para ver qué hacían. Yo bastante trabajo tenía ya con mis asignaturas y, además, soy muy olvidadizo y nunca antes he hecho teatro, por lo que no pensé que pudiera servir.

No obstante, un día me animé a entrar solo para ver y terminé improvisando con ellos en mitad de una clase. Me lo pasé tan bien que, sin darme cuenta, me habían dado el papel de Mengo, labrador gracioso, para interpretarlo en Fuenteovejuna, que era la obra que representaría el grupo al finalizar el curso.

Esta noticia superó ampliamente mis expectativas, pues yo jamás pensé que llegaría a interpretar nada más allá de un acantilado, o un arbusto número tres.

Pero así fue como poco a poco fui trabajando mi personaje.

No fue fácil. Contamos con numerosos contratiempos. Al ser estudiantes, tenemos otras obligaciones y, aunque el teatro nos gusta demasiado como para no practicarlo, hubo bajas de algunos a los que no les venía bien el horario.

Pero todos a una, como un pueblo, seguimos adelante.

Lo peor de todo fue lo más básico: Aprenderse el guión. Y yo, creo, fui el responsable de algún que otro infarto de algunos compañeros que veían que a un par de días de la obra seguía teniendo muy verdes algunos párrafos.

Al descartar la opción del pinganillo, tocó memorizar. Y no me fue mal, oye. Igual me lo aplico a los estudios. (Bromeo, bromeo…).

El caso es que poco a poco fuimos practicando, hasta poder actuar en el escenario donde lo haríamos finalmente.

Da igual si no era un “teatro” propiamente. Si no tenía telón. Si la iluminación era horrible. Todos los actores, amigos y compañeros subimos ahí, algunos con ataques de nervios y otros, como yo, completamente relajados y comenzamos a actuar, perdiendo el miedo poco a poco. Yo… Como dije, no iba nervioso, lo hice al revés. Iba muy relajado y justo al salir me puse nerviosísimo, así que la lié un pelín inventándome medio texto en una escena de por ahí, pero creo que a Lope de Vega no le ha importado, ninguno de mis compañeros me ha estrangulado y el público ha aplaudido igualmente, así que… Soy contento.

Es impresionante ver como una sala entera se llenó, prácticamente sin butacas vacías, para ver teatro clásico en 2018, ya que es algo que parece que se estaba perdiendo por completo.

Y, sobre todo, para mí, como actor primerizo, ha sido un placer impresionante haber actuado delante de tanta gente, haciéndoles pasar un buen rato y, sobre todo, haber compartido escenario, y cientos de ensayos con un elenco tan maravilloso de personas, que muchas acaban ya los estudios en la universidad y no seguirán el año que viene, a los que echaremos muchísimo de menos y sin los que actuar no será lo mismo.

 

¡Viva Fuenteovejuna!

 

 

Cayetano Guerra

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