La recta de obstáculos de elegir una carrera

En un mundo donde cada vez hay más estudiantes, costumbres americanas de película van instalándose entre nosotros con la intención de quedarse. No recuerdo que antes se hicieran tantos eventos de graduación. Ya en las guarderías, celebran los padres y abuelos el fin de curso de los más pequeños. En el colegio también se festeja el final de la etapa de infantil, y se obsequia a los niños con un diploma enrollado y atado con un lazo rojo. También se gradúan los niños que terminan sexto de primaria, y más tarde los que terminan la ESO; para de nuevo y solo dos años después, los que hacen el bachillerato. En todos los casos, los salones de actos de los colegios se llenan de padres orgullosos.

Así, el final de curso y las graduaciones vienen de la mano con las vacaciones y sobre todo , con nuevos retos de las generaciones venideras que con toda la ilusión del mundo han finalizado sus estudios dispuestos a encontrar ese lugar, cada vez más cercano, con el que desde hace años soñaban. Su futuro pende de un hilo: la selectividad, o lo que ahora llaman, la EBAU.

Están a punto de dar un paso trascendental después del lujo de la vida cómoda con mamá y papá a sus pies. Su elección es callada, en muchos casos sin demasiada información, sin que sean válidos los consejos de los que antes pasaron por ello, porque la experiencia es un valor único y personal, nunca dos vidas fueron idénticas. Muchos jóvenes, después de pasar el examen de Selectividad, que será sustituido por exámenes similares con otro nombre  como EBAU, afrontan el proceso de matriculación en sus universidades.

Infinidad de dudas

La elección de lo que van a estudiar en los próximos años, de dónde van a sacar su esfuerzo, de cómo van a transformar su vocación y su pasión en una profesión, es una de las elecciones más trascendentes y complicadas, por mucho que algunos no parezcan prestarle atención. El futuro de nuestro país depende de ello, porque del acierto al escoger y del buen funcionamiento universitario depende nuestro destino.

Hay muchos jóvenes a los que su entorno intenta inclinar hacia carreras cargadas de promesa de empleo, de futura estabilidad, de potentes ingresos. Ojalá que su perspicacia y picardía les ayude a entender que lo que más te llena de una vida profesional es entregarla a aquello que te apasiona. Supongo que a estas alturas ya han catado el sabor de la obligación, la amarga presión que supone que alguien a quien consideras un referente en tu vida te aconseje sobre lo que puede ser  mejor o no para ti, y la delgada línea entre complacer y querer.

Por otro lado, también se encuentran aquellos jóvenes que se han equivocado en su elección. Frustración, sentimiento de inutilidad o desilusión son algunos de los adjetivos que retumban en su cabeza cuando no saben si dejar la carrera o si seguir un poco más por no decepcionar a sus seres queridos.

Así, Elsa Ortiz, licenciada en Periodismo por la Universidad de Valladolid, recuerda con una sabor agridulce el momento en el que decidió dejar su grado en Economía para encaminarse en la merecedora aventura de la comunicación. Tal como lo relata “fue un cambio drástico en mi  vida, además no sabía si me iba a arrepentir y de nuevo me entraban las dudas. No estaba segura de si me volvería a equivocar de carrera”. Ante todo contó con el apoyo de sus padres pero ella no dejaba de sentir que les había decepcionado.

Un futuro abrumador

Todos estos quebraderos de cabeza tienen como resultado la siguiente frase: los jóvenes somos el futuro.  Y yo me pregunto, ¿qué tipo de futuro? Desde pequeños nos educan en que para ser algo en la vida tienes que estudiar; si quieres que te contraten debes tener una buena formación académica y por lo tanto un buen currículum.

Pero ¿todo esto es necesario para finalmente esperar detrás de otra persona en la cola del paro?. Puedes estar satisfecho y poner una sonrisa si finalmente encuentras un hueco en algún puesto de trabajo que nada tiene que ver con todos los logros conseguidos con tu formación.

Las empresas únicamente reclaman experiencia pero nadie nos brinda la oportunidad de poder destacar entre los que ya están, ni siquiera de intentarlo. El futuro no es como nos prometieron en el pasado.

Entonces estudiaba menos gente, y se hacía con la confianza de que una carrera suponía tener un futuro más o menos prometedor. Aquella confianza se ha quebrado recientemente y en los últimos años todos hemos aceptado que una carrera no tiene porqué garantizar nada.Nunca estudiar ha estado tan mal recompensado. Por lo tanto,  queda demostrado que estudiar una carrera no garantiza un trabajo, que la sociedad no cumple su parte y que no obtenemos recompensa después del esfuerzo e interés que requiere.

Estamos en edad de merecer, y nos merecemos más de lo que nos ofrecen.

Aquí os dejo un vídeo de auto motivación:

https://www.youtube.com/watch?v=gzWB9-8_4Ro

Artículo realizado por Mirella Mediavilla

Autor del vídeo: Lytos (youtube)

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